dimecres, 30 de novembre de 2011

Una novel·la amb bona llengua

UNA NOVELA VALENCIANA

A lo largo de los ciento y pico de años que llevamos de Renaixença, los valencianos hemos contribui­do a la restaura­ción de la literatura autóctona con un bien nutrido censo de poetas pero con escasísimos prosistas. No diré que nuestros poe­tas fueran, en general, demasiado excelsos: entre ellos, por lo menos, figuran los más sólidos y vigorosos que el país haya dado modernamente. En cambio, hemos carecido de prosistas. Blasco Ibáñez, Azorín, Miró, escribieron en castellano, y este "desarraigo" lingüístico de unos hombres que no fueron social o culturalmente "desarraiga­dos", ofrece un espinoso punto de meditación. Lo pasaremos por alto ahora. Pero no se trata sólo de que unos cuantos escritores excepcionales "emi­grasen" a la otra lengua. Lo importante, y lo tris­te, es que ni siquiera en la medida de la mediocri­dad los hombres de la Renaixença valenciana no intentaron la creación de una prosa estable para el consumo interior, si más no. Tal vez, pensaban que su público ya tenía suficiente "pasto" intelec­tual con los versos. La consecuencia de esa inhibi­ción ha sido que, a fin de cuentas, casi no existen lectores para los versos. Los escritores valencianos del siglo XX se plantearon el problema con mayor lucidez: pero entonces —hoy— sus dificultades son también mayores...

Se comprenderá que, por estas razones la publicación de un libro "normal" de prosa valen­ciana, ha de merecer de todos nosotros el tributo de nuestra adhesión y de nuestra asistencia. Tal es el caso de L'ambicio d'Aleix, la novela d'Enric Valor i Vives que acaba de aparecer (Valencia, Suc. de Vives Mora, 1960). Por estas razones, y no sólo por ellas, el libro de Enric Valor no sólo ha de jus­tipreciarse en tanto que esfuerzo valenciano para la reconstrucción y la estabilización de la prosa indígena. Hay en él muchos más méritos y ali­cientes. Señalemos uno ante todos: el hecho de ser una novela que toma por tema, casi tanto como una peripecia humana, un fragmento de nuestra tierra. No sé si los valencianos se han dado bas­tante cuenta de que los hombres y los paisajes de su geografía apenas han tenido versión literaria. Blasco, Azorín, Miró — los repetimos—, sí escri­bieron páginas inolvidables de descripción o de evocación de ciertas comarcas nuestras; prácticamente, aparte lo que ellos hicieron no hay nada más que valga la pena. Y es lástima. Nuestros posibles novelistas tienen un filón por explotar, sin salir de casa. Enric Valor ha ambientado su relato en dos bellísimos trozos del sur valenciano: la Marina y Aitana. Gabriel Miró, desde luego, ya los había transitado. La visión de Valor es, naturalmente, muy distinta de la de Miró. Los ojos de Miró captaron aquellas tierras con morosidad de paseante forastero; los de Valor las miran con la voracidad del cazador o del propietario rural metido en ellas, experto en sus secretos. Valor, además, vibra con un sentimiento, diríamos páni­co de la naturaleza, con una efusión entregada y estremecida.

L'ambicio d'Aleix es una novela sencilla y lím­pida, atenida al canon clásico del género. Nos cuenta el leve problema sentimental del joven Aleix, más o menos vacilante entre el amor de Lluïsa y el de doña Pauleta. La anécdota es ele­mental y en la última página queda interrumpida sobre una incertidumbre llena de sugestión. No insiste demasiado Valor en las proyecciones psi­cológicas que el tema le ofrecía. Para él, repito, tanto como los personajes, son las tierras, los protagonistas de la novela. Y así, al hilo de la narración central va añadiendo y desplegando amables derivaciones descriptivas y episodios incidentales llenos de pintoresco y de vivacidad. La Aitana y la Marina que nos brinda Enric Valor en L’ambició d’Aleix son, en efecto, paisaje y gente. Y si se detiene a pintar la deleitosa gracia o el impresionante riesgo de un panorama, no menos intensidad pone en la relación de aventuras y de roders y marineros, pedazo vivo y heroico de nuestra sociedad de antaño. Enric Valor, inteligente recopilador de las Rondalles valencianes, nos había dado ya un libro de narraciones originales: Narracions de la Foia de Castalla. Las mejores virtudes del Valor de las Narracions reaparecen en L’ambició d'Aleix: quien haya leído aquel libro, podrá medir el alcance de este elogio.

Y aún quedaría otro por hacer. Entre los escri­tores valencianos de hoy, como en la mayoría del siglo pasado y de principios del presente, domina más la buena voluntad "idiomática" que un auténtico sentido de la lengua. No pienso ahora en la pulcritud gramatical, sino en algo más sutil e inervador, que es el instinto de la verdadera pal­pitación del idioma. Este fallo ha provocado curiosos e importantes fracasos literarios en nuestros más conspicuos poetas. Enric Valor, por el contrario, posee aquel don feliz: su prosa se beneficia, justamente, de esta primera bondad. Un len­guaje lozano jugoso, con sabor directo de pueblo, y discretamente literaturizado, ayuda de manera decisiva a la fluencia clara del relato. Incluso un problema tan delicado como es el de los diálogos, que todo novelista valenciano se deberá plantear con espinosos escrúpulos, tiene en L'ambició d'A­leix una solución, no sé si indiscutible, pero sí digna de ser meditada. En el momento actual de la prosa valenciana, pues, L'ambició d'Aleix es una contribución altamente estimable. Es, además, un libro cuya amenidad agradecerá el lector.

Joan Fuster.Levante, 25 de noviembre de 1960. [Canelobre, estiu-tardor 1997, núm. 37-38]